Una de las cosas que más me marcó de forma positiva fue escuchar a mi endocrino decirme, con claridad y admiración, que tenía un desarrollo mamario Tanner IV.
Me miró con una sonrisa y me dijo que eso era muy positivo para mí, porque no tendría que pasar por cirugía mamaria. Que mi pecho ya estaba precioso, redondo, equilibrado, y que muchas mujeres cis ni siquiera logran ese grado de desarrollo.
Me explicó que en mujeres trans es muy común que se dé el efecto de glándulas tuberosas, que modifican la forma natural del busto. Pero en mi caso, no.
Mi pecho tenía depósitos de grasa bien distribuidos, una forma armónica y femenina, y un volumen perfecto. Dijo que era “envidiable”.
Escuchar eso fue un antes y un después. Me ayudó a reconciliarme con mi cuerpo, a confiar en mi proceso, y a reconocerme en el espejo con más amor.
Hoy, ya con un Tanner V, sigo agradeciendo cada avance, cada célula, cada curva. Porque mi cuerpo también es una historia de victoria.